Cada que hago oración (que no es tan seguido como quisiera), algo pasa en mí que me hace sentir como otra persona distinta, tal vez debería orar con más frecuencia... no soy muy buena para expresar lo que quiero, tengo claro que ni las personas ni Dios son adivinos, hay que saber pedir y saber qué pedir.
Recuerdo todo aquello que sentí hace unos 13 años, en ese entonces para mí las misas y ceremonias religiosas eran sólo para bodas y XV años, era... ¿superficial? tal vez sí, quizás un poco nada más, el caso es que hoy no soy esa misma persona, probablemente la esencia siempre permanezca pero los pensamientos, las costumbres y los sentimientos van cambiando conforme a nuestras vidas.
Algo está cambiando en mí, cambia cada semana, día, instante, cambia conforme mi pasión y devoción, cambia según me va pasando la vida, cambia como cambian los colores del cielo en el día. ¡Qué hermoso es sentir que tengo alguien que me abraza espiritualmente! Podré sonar mocha y, eso no me interesa. Dios está en mí y está haciendo que cambie mi manera de ver la vida.
No soy perfecta, ni santa, ni una buena cristiana, lo que soy, se reduce a ser una creyente más que vaga por la vida con complicaciones de todo tipo, con defectos y virtudes, con actitudes buenas y malas, con alegrías, enojos y tristezas, soy lo que he querido ser y lo que la vida en parte ha hecho de mí.
Creo en ti Señor Jesús, creo en tu misericordia infinita y en tu gloria inagotable dadora de vida eterna, creo que no soy perfecta y que jamás lo seré, sé que no soy la mejor persona y que para eso me falta mucho, creo que para creer en ti y seguirte no necesito ser un 'ente' falto de malos pensamientos, lo sé porque soy persona y las personas tenemos todos esos matices.
La semana pasada, por ejemplo, estaba con la injuria en la boca, sintiendo decepción por aquellos que usan tu nombre y el del 'amor' para dañar a otros, yo pude, gracias a ti y a muchas situaciones lograr dormir esos pensamientos fúricos y aplacar esa ira que invadía mi ser. Yo no sé por qué nos pones pruebas que muchas veces nos son tan difíciles de pasar, pero sé que tengo la capacidad de afrontarlas porque por alguna razón lo hiciste y confiaste en que tengo esa habilidad y, aunque me desconcierte, sé que tengo de algún modo la solución, no sólo en mi cabeza y corazón, también en mi fe.
Y sabes que Señor Jesús, creo en ti y no me avergüenza decirlo, creo que tu poder es suficiente como para hacerme resplandecer entre las tinieblas, y si seguirás cambiando de mí lo que te plazca, lo haré porque sé que será lo mejor, aunque me llamen como se les de la gana por creer en ti. Si voy a hacer algo por ti, que sea aceptar tu voluntad, y si algo en mí va a cambiar, que así sea.
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