miércoles, 27 de noviembre de 2013

Señor Jesús,

Tú estás ahí donde nadie te ve, sin embargo estás aquí cerca de mí. No me abandones te pido, no permitas que mi alma vague por lugares impropios ni me desampares de tu cálido lecho.
Señor Jesús, te necesito tanto, más que nunca y como jamás lo había sentido, siento hoy mayor necesidad de ti, me duele el cuerpo entero, y eso es sólo el reflejo de lo que me duele inmensamente el alma, me siento agotada y agobiada, mental, física y emocionalmente. ¡No me desampares, por favor, te lo suplico!
¡Dios mío! Dame las ganas que dejé olvidadas en un lugar que no recuerdo, dame por favor sueños y motivaciones. ¡No me desampares, no me dejes sola, por favor, tú no!
¡Ayúdame Señor mío!, hoy más que nunca necesito de tu amor.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Consagración del género humano a CRISTO REY

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Míranos humildemente postrados delante de tu altar; tuyos somos y tuyos queremos ser; y a fin de vivir más estrechamente unidos a Ti, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día  a tu Sacratísimo Corazón.
  Muchos, por desgracia, jamás te han conocido; muchos, despreciado tus mandamientos, te han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadécete de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Corazón Sacratísimo.
    Señor, sé Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti, sino también de los pródigos que te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna para que no perezcan de hambre y de miseria.
   Sé Rey de aquellos que, por seducción  del error o por espíritu de discordia, viven separados de Ti; devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo pastor.
    Concede, ¡oh Señor!, incolumnidad y libertad segura a tu iglesia; otorga a todos los pueblos la tranquilidad en el orden, haz que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud!
A Él entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.

*Escrita por el Papa Pío XI en 1925 para la Fiesta de Cristo Rey.