sábado, 30 de abril de 2011

Dios y los niños.

Un día trajeron algunos niños a Jesús para que los bendijera. Los discípulos se opusieron. Jesús se enfada y les ordena que dejen a los niños venir a él. Después les dice: «Quien no acoja el reino de Dios como un niño no entrará en él.» (Marcos 10,13-16).
Es útil recordar lo que Jesús había dicho anteriormente a esos mismos discípulos: «Se os ha comunicado el misterio del reino de Dios» (Marcos 4,11). A causa del reino de Dios, los discípulos lo han dejado todo para seguir a Jesús. Buscan la presencia de Dios, quieren formar parte de su reino. Pero he aquí que Jesús les advierte que, al repeler a los niños, están cerrando la única puerta para entrar en ese reino de Dios tan deseado.
¿Qué significa entonces «acoger el reino de Dios como un niño»? Comprendemos generalmente: «acoger el reino de Dios como un niño lo acoge». Ello corresponde a una palabra de Jesús en el evangelio de Mateo: «Si no cambiáis y no os hacéis como los niños no entraréis en el reino de los cielos.» (Mateo 18,3) Un niño confía sin reflexionar. No puede vivir sin confiar en quienes le rodean. Su confianza no tiene nada de virtuoso, es una realidad vital. Para encontrar a Dios, de lo que mejor disponemos es de nuestro corazón de niño que es espontáneamente abierto, se atreve a pedir sencillamente, quiere ser amado.
Pero podemos comprender también: «acoger el reino de Dios al igual que acogemos a un niño». Porque el verbo «acoger» tiene en general el sentido concreto de «acoger a alguien», como lo podemos constatar en algunos versículos precedentes donde Jesús habla de «acoger a un niño» (Marcos 9,37). En ese caso, es la acogida a un niño que Jesús compara la acogida de la presencia de Dios. Hay una connivencia secreta entre el reino de Dios y un niño.
Acoger un niño, es acoger una promesa. Un niño crece y se desarrolla. Es así que el reino de Dios nunca será en la tierra una realidad concluida, sino una promesa, una dinámica y un crecimiento inacabado. Y los niños son imprevisibles. En el relato del Evangelio, vienen cuando vienen, y con toda evidencia no es el buen momento según los discípulos. Pero Jesús insiste en que hay que acogerles porque están ahí. Asimismo hemos de acoger la presencia de Dios cuando se presente, en el buen o en el mal momento. Hay que seguir el juego. Acoger el reino de Dios como se acoge un niño es velar y orar par acogerle cuando venga, siempre al improvisto, a tiempo o a destiempo.

¿Por qué Jesús mostraba una atención particular a los niños?

Un día, los doce apóstoles estaban discutiendo para saber quién era el más grande (Marcos 9,33-37). Jesús, que adivinó sus reflexiones, les dijo una palabra desconcertante que conmovió y sacudió sus categorías: «El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
A su palabra añade el gesto. Busca un niño. ¿Acaso un niño que encontró abandonado en una calle de Cafarnaún? Lo trae, lo «pone en medio» de esa reunión de futuros responsables de la Iglesia y les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge». Jesús se identifica con el niño que acaba de tomar en sus brazos. Afirma que es «un niño como éste» el que mejor lo representa, de tal modo que acoger a un niño semejante es lo mismo que acogerle a él, a Cristo.
Poco antes Jesús había dicho la siguiente palabra enigmática: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres» (Marcos 9,31). «El Hijo del hombre» es él mismo, y son al mismo tiempo todos los hijos de hombre, es decir, todos los humanos. La palabra de Jesús puede comprenderse: «los seres humanos son entregados al poder de sus semejantes». Con el arresto y los malos tratos infligidos a Jesús se verificará una vez más que los hombres pueden hacer cualquier cosa con sus semejantes indefensos. Que Jesús se reconozca en el niño que fue a buscar no resulta asombros, pues muy a menudo los niños también son entregados indefensos a quienes tienen poder sobre ellos.
Jesús mostró una atención muy particular a los niños porque quiere, entre los suyos, una atención prioritaria hacia los más desheredados. Serán sus representantes en la tierra hasta el final de los tiempos. Lo que se les hará, es a él, a Cristo, a quien se hará (Mateo 25,40). Los «más pequeños de sus hermanos», los que cuentan poco y a los que se les trata como cualquier cosa porque no tienen poder ni prestigio, son el camino, el paso obligado, para vivir en comunión con él.
Si Jesús colocó a un niño en medio de sus discípulos reunidos es también para que ellos mismos acepten ser pequeños. Jesús se lo explica a través de la siguiente enseñanza: «Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa.» (Marcos 9,41). Yendo por el camino para anunciar el reino de Dios, los apóstoles serán también «entregados a mano de los hombres». Nunca sabrán previamente cómo serán acogidos. Pero incluso para quienes les acogerán con un simple vaso de agua fresca, aún sin tomarlos muy en serio, habrán sido portadores de una presencia de Dios.

lunes, 25 de abril de 2011

Sobre los huevos de Pascua...

El huevo de pascua es una tradición gastronómica de la fiesta de Pascua.
En la prehistoria
Se piensa que el origen de la tradición de comer huevos al finalizar el invierno es una reminiscencia de la Edad de Hielo. Tras el duro invierno, y cuando apenas quedaban provisiones, con la llegada de la primavera volvían las aves desde el sur(esto solo es aplicable al hemisferio norte) y empezaban a poner huevos, de los que se alimentaban los hombres hasta que podían volver a cazar con la llegada de mejores temperaturas.[1]
En el judaísmo
El Huevo de Pascua no aparece como un símbolo dentro de la costumbre judía. Sin embargo existe el simbolismo de utilizar un huevo duro dentro del plato (Keará) que se prepara durante el Séder de Pésaj, como una representación de la continuidad del ciclo de la vida (por su forma redondeada). Otro significado que se le otorga al huevo durante el Séder es el del endurecimiento del corazón de faraón Ramses II, que no permitía salir al pueblo hebreo de Egipto. Un tercer significado que se le atribuye al simbolismo del huevo, es el fortalecimiento que presentó el pueblo judío al lograr salir de Egipto durante el Éxodo.
El Huevo de Pascua como tal, no tiene relación alguna dentro de las tradiciones judías.
En el cristianismo
El intercambio de huevos de Pascua de chocolate es muy extendido en Polonia, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Italia, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y en ciertas zonas de México, viene celebrándose desde hace poco más de 8 siglos.
Por estas fechas las pastelerías comienzan a decorar sus escaparates con unos coloridos huevos de chocolate.

El hecho de asociar el huevo a la fertilidad y por coincidir la Pascua con la estación primaveral, estación fértil por excelencia, hace que se establezca por toda Europa como símbolo de la Pascua. De modo que rápidamente los pasteleros de época comenzaron a elaborarlos utilizando distintos ingredientes. Primero fue el azúcar, luego el chocolate.
En la Edad Media el intercambio de huevos se hacía con huevos de tortuga a los que se trataba la cáscara mediante diferentes procesos para decorarla. Muchas veces eran verdaderas obras de arte.
La costumbre de esconder huevos pintados en los jardines de las casas, para la alegría y regocijo de los niños que los encuentran, se sigue manteniendo en muchos países. Simboliza la persecución de Jesús por parte de Herodes y los engaños puestos por Dios para evitar ser encontrados.[cita requerida] Curiosamente en los jardines de la Casa Blanca el día de Pascua se desarrolla una singular carrera de chicos que hacen rodar los huevos. Gana quien llegue más lejos y sin romperlos.[cita requerida]
En Medio Oriente todavía se siguen intercambiando huevos carmesí, para recordar la sangre de Cristo. Los armenios los vacían y los decoran con imágenes de Cristo y de la Virgen. Y en Polonia y Ucrania por Pascua, hacen verdaderas obras de arte con cera fundida sobre su cáscara.
Origen de la decoración del Huevo de Pascua
Aparece en la jarra de vino etrusca de Tragliatella (aprox. 700 a. C.), en el que aparecen el rey sagrado y su sucesor escapando de un laberinto. El otro lado de este jarrón ilustra un desfile a pie en la dirección del sol, encabezada por el rey sagrado desarmado. Siete hombres le escoltan y cada uno de ellos lleva tres jabalinas y un gran escudo con el dibujo de un jabalí, y el sucesor armado con una lanza va a la retaguardia. El jabalí sería la insignia familiar del rey sucesor, y los siete hombres representarían los siete meses gobernados por el sucesor, que caen entre la cosecha de manzanas y las fiestas de la fertilidad.
La escena tiene lugar el día de la muerte ritual del rey, y la diosa Luna (en este caso Pasífae) ha salido a su encuentro (una terrible figura con túnica y con un amenazante brazo en jarras, mientras que con el otro brazo extendido le ofrece una manzana, que es su pasaporte para el Paraíso); las tres jabalinas que lleva cada hombre significan la muerte.
Sin embargo al rey le acompaña una pequeña figura femenina con túnica como la otra; quizá sea la princesa Ariadna (que ayudó al héroe Teseo a salir del laberinto mortal en Cnosos). El rey muestra audazmente, como un contrahechizo de la manzana, un huevo de pascua, el huevo de l urrección. La pascua era la estación en que se realizaban las danzas «Ciudad de Troya» en los laberintos hechos sobre el césped (quizá como una coreografía) en Gran Bretaña prehistórica y también en Etruria.
En el frente de la jarra hay un dibujo laberíntico que se encuentra no sólo en ciertas monedas de Cnosos, sino también en los intrincados dibujos hechos en el césped y que hasta el siglo XIX pisaban los escolares británicos en la Pascua de Resurrección.
Un huevo sagrado etrusco de traquita negra pulimentada, encontrado en Perusa (Italia), con una flecha en relieve a su alrededor, es este mismo huevo sagrado.
Entre los siglos IX al XVIII, la iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cu ma, por considerarlo equivalente a la carne, por lo que la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poderlos consumir el día de Pascua de Resurrección. Con el tiempo estas tradiciones fueron incorporadas a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el huevo de pascua es un símbolo universal. Para muchos, el huevo se asemeja a l urrección como un símbolo de vida nueva.
En la actualidad, la tradición continúa con algunas variaciones. En Europa se mantiene la costumbre que data desde la Edad Media de adornar huevos con teñidos y pintados. Aunque parece que la práctica de huevos ornamentales era principalmente elaborada por clases altas o de recursos, se difundió a decoraciones más sencillas, como con el empleo de hojas de árbol para crear patrones sobre el cascarón. El comercio y la modernidad por su parte se ha encargado de incorporar los huevos de chocolate, y los huevos de plástico para ser llenos de dulces, y que según la leyenda son escondidos por el conejo de Pascua para que los niños los busquen, y por consiguiente,los encuentren y se los coman. En Argentina y Uruguay, se conserva la tradición de regalar huevos de Pascua decorados artesanalmente con glasé multicolor o bien en chocolate.
Tradiciones de Pascua


 
La Pascua tiene también sus tradiciones divertidas. ¿Sabes por qué se regalan huevos el Domingo de Pascua?. Esta es una tradición muy arraigada en Estados Unidos, en el centro de Europa y en Inglaterra. ¿Qué pinta el conejo en todo esto?. Tranquilo que tu Ángel de la Web te sacará de dudas!.

Los huevos de Pascua
La tradición de regalar huevos de Pascua viene de hace muchísimos siglos, más de lo que te puedas imaginar. Todo es debido a que los cristianos católicos que seguían la abstinencia cuaresmal, no podían comer huevos ni tampoco productos lácteos. Los fieles los guardaban y una vez terminada la cuaresma los regalaban (¡¡¡imagínate cuántos huevos tenían en la despensa!!!). Pero ... ya te digo que esto viene de muy lejos, porque ya en el siglo XVII, el Papa Alejandro VII , no lo tenía del "todo claro" que los huevos tenían que ser prohibidos durante el tiempo cuaresmal. Así lo manifestaba en un decreto publicado el 18 de marzo de 1666:
"No es evidente que obligue la costumbre de no comer huevos y lacticíneos en cuaresma".
Por lo tanto, ya en aquella época el consumo de huevos habría sido permitido. Cabe decir, querido cibernauta, que los tiempos han cambiado y que la Iglesia Católica  recomienda solamente la abstinencia de carne los viernes de cuaresma.
La tradición de regalar huevos el domingo de Pascua continuó, principalmente en los países anglosajones, Estados Unidos y en la Europa Central. Es un regalo muy apreciado por aquél que los recibe. Están pintados de diferentes colores y se regalan en pequeñas cestas. Uno de los países europeos que más lo vive es Alemania; se sabe, curiosamente, que la tradición en Estados Unidos vino gracias a unos alemanes que promocionaron dicha costumbre en aquel país. Como que la mayoría de ellos son para los niños, no solamente hay huevos de gallina, sino también de chocolate. 
Los huevos también fueron protagonistas en la época griega. Los griegos pintaban huevos y los comían en las fiestas de primavera, pero como ves, esta tradición no es la que motivó que dicho producto alimenticio fuera el protagonista de la Pascua. También los huevos en muchas culturas han significa "vida" y "fertilidad" y en la antigua Roma se regalaban en los festivales de primavera.
Si tenemos que buscar un simbolismo cristiano al huevo, este puede ser el del principio del universo y de la creación, el sentido de una "vida nueva", tal como indica la Pascua. Una vida nueva que nos la da el Jesucristo resucitado.
En la época que los huevos no eran permitidos para el consumo en el tiempo de cuaresma, todas aquellas personas que los habían guardado se reunían el domingo de Pascua delante de la iglesia de su ciudad para que el sacerdote los bendijera en la primera función litúrgica.
Existe una tradición que explica el porque de que muchos de estos huevos estén pintados de color rojo. Según esta leyenda, unos vecinos de Jerusalén dieron a unos niños unos huevos para que se los tirasen a Jesús cuando éste pasase delante de ellos camino del Calvario. En el momento que éstos los tocaron, los huevos se enrojecieron de sangre.
Existe también un juego que es el de rodar huevos sobre el césped del jardín de la casa o en el campo, intentando que estos no se rompan. La tradición popular lo relaciona con el hecho de rodar la piedra del sepulcro en el cual estaba Jesús.
En Francia y en otros país europeos era tradición que el Domingo de Pascua, los jóvenes organizaran procesiones para recoger huevos y después dárselos a los hospitales y centros de acogida.
En España y especialmente en Catalunya la tradición de regalar huevos pintados no se conserva actualmente y los únicos que se regalan en Catalunya se encuentran en la "Mona de Pascua" de la cuál tienes información en nuestro apartado de gastronomía pascual. Sin embargo, en algunos pueblos catalanes, hace muchos siglos, se había realizado el juego de "Jugar-se els ous" (Jugarse los huevos). Participaban solamente los novios y ganaba aquél o aquella que más pronto sorprendiera a su amado en la mañana del domingo de Pascua. El juego, aunque no lo parezca, es bastante divertido, ya que al amanecer los jugadores entraban en sana competencia para esconderse el uno del otro. Ganaba aquél que decía la frase: "Pasqua és vinguda; els ous són meus" (Ha llegado la Pascua, los  huevos son míos).
Un conocido dicho catalán reza: "Pasqua sense ous, com Nadal sense torrons" (Pascua sin huevos, como Navidad sin turrones).

El conejo
¿Y que pinta el conejo con todo esto?. Pues muy fácil, querido cibernauta ... resulta que el conejo es el que trae los huevos de Pascua. Te lo explico: los padres esconden los huevos en el jardín y a primera hora de la mañana del domingo invitan a sus hijos pequeños para que salgan a encontrarlos. ¿Quien ha puesto allí los huevos?, el conejito!. Para que nos entendamos, el conejo es como el Papá Noel o los Reyes Magos, o el Tió (en Catalunya). La mayoría de ellos son de chocolate. Los otros huevos, los pintados, se regalan de forma particular a las personas queridas.

© Ángel Rodríguez Vilagrán

jueves, 21 de abril de 2011

¡Felices días santos!

Qué distintas son las cosas a cómo eran hace un año. Hay muchas que para mí no tienen sentido. No entiendo cómo pueden llegar a ti situaciones y personas que cambian tu vida en un instante y tú ni siquiera te diste por enterado en ese momento, no siempre, pero regularmente esos cambios se ignoran al principio. Los cambios no siempre me han gustado, de hecho, días atrás descubrí que mi eterno miedo al cambio es lo que irremediablemente me ha hecho cambiar sobremanera y, de alguna forma u otra eso me ha servido, si no me adaptara a ellos creo que estaría perdida, sin embargo, eso que parece que me entumece la lengua y cada trozo de la piel también produce en mí una dosis de serotonina que no había sabido comprender. Todo pasa tan rápido. Cuando uno se da cuenta ya terminó todo lo que vamos iniciando, las personas nuevas que recién conocemos ya son viejos amigos y en muchas ocasiones, por desgracia, los amigos ya no lo son, o, al menos las amistades se modificaron de manera tal que ya no son como eran antes, todo tiene un progreso pero, a veces la confianza que decías tenerle a alguien no es tal como lo predicas o sientes que ya no se te quiere como antes. Eso me pasa a mí, no sé si a todos. Hace poco me preguntaba ¿por qué creo en Dios? ¿Por qué si como dice la gente estudio una carrera en la que se supone que pienso, creo en algo que no se ve o tiene explicación lógica? Mi respuesta: ¡No lo sé! Sólo sé que Dios jamás me ha abandonado, si bien no me da lo que quiero tal cual pero, es como los padres, Dios no da lo que se le pide, da lo que se necesita, y el año pasado entendí a la perfección algo, cuando se pide una cosa, hay que saber pedirla y hacerlo con cuidado, tal vez si se te cumple no te guste del todo. Él nunca me deja sola, cuando estoy triste o desorientada siempre pone frente a mí una lectura, un canto, una canción, una persona, algo, cualquier cosa que me hace comprender que su infinito amor va más allá que sólo las banalidades de la vida cotidiana. No siempre puedo entenderlo, gracias a Dios, hoy sí. Tampoco digo que llorar es malo, o que no me queje, ni que mi vida sea la total y perfecta armonía, ¡claro que me quejo, por supuesto! Y hay infinidad de veces en que siento que no puedo más, de hecho, mi mente habita de unos días a la fecha en un completo descontrol en que no sé qué pedirle por mí a Dios, en que mi mente navega por mares de confusión y no sé qué hacer, qué sigue ni por qué sigo aquí. Quiero llorar y tal vez lo haga, pero no de dolor, sino de la desesperación que me da no saber interpretar las múltiples señales que me pone en la vida. Qué sé yo quién sabe cuántas ocasiones le he pedido ilumine mi camino para comprender las veredas en las que me echa a andar y en las que yo tropiezo constantemente. Quién sabe cuántas de esas veces me siento inútil y le pido me lleve lejos para comenzar de cero a un lugar donde nadie me conozca ni yo a nadie. Pero, él es bueno conmigo. Analizando todo lo que tengo, es, lo que siempre he querido y, eso me alegra bastante pero, cuando me pongo temerosa por lo que vendrá no es porque Dios no sabrá elegir que es lo que será mejor para mí, él lo sabe a la perfección, sino porque yo, soy una tonta ilusa que no sabe lo que quiere, que últimamente se la pasa dejando todo a la suerte, que leí un cuento de una jovencita de preparatoria que le dejaba el destino a su moneda y me asusté porque pensé que soy unos diez años mayor que ella y estoy con esas disyuntivas bobas de aventar mi vida al aire a ver que se le antoja a un metal decidir por mí. No sé qué hacer y para ser sincera no he tocado ni mi biblia ni mi rosario, este año no me he confesado y realmente no sé si lo haga, porque como le digo a la gente “¿para qué lo hago? Si no me arrepiento no funciona” y, es verdad. Siempre mantuve un sano y sabio equilibrio entre mi razón y mi corazón, la armonía entre ambos era bastante satisfactoria hasta que empezó la lucha entre lo que se quiere con uno que con otro y surgió un triángulo amoroso entre lo que se piensa, lo que se siente y un tercer llamado “maldito orgullo”. Este último personaje no es muy agraciado que digamos, se ha interpuesto en mi vida en más de una ocasión y para ser sincera suele darle la espalda a mi corazoncito y consolar a mi mente pero como que en fechas recientes, el corazoncito quiere vencerle y desaparecerlo por completo pero ¿cómo se hace eso? Egoístamente rezo mucho por ello. No me gusta sentir esa confusión dentro de mí ¿qué es lo que quiero? Sinceramente, cierro mis ojos y trato de concentrarme, sé que no tendré más cosas que aquellas que merezca pero aún así trato de darle salida a mis pensamientos catastróficos y complejos sentimientos que inexplicablemente se atoran en una atmosfera extraña entre mi pecho y garganta y por más que trato no pueden salir. Necesito huevos. Y no precisamente para hacer pasteles. ¿Cómo enfrentar situaciones que me asustan? No tengo la mínima idea. El caso es que Dios está a mi lado y no me deja sola, es como los amigo y aún mejor, si no escucho lo que me dice es porque tal vez no le he entendido bien ¿cuántas veces nos pone las cosas en la nariz y nosotros ni en cuenta? ¿Cuántas de esas veces ya que pasan nos asombramos de que siempre estuvieron ahí y las ignoramos? Lo feo de todo esto, es que estoy consciente de todo ello y yo, acostumbrada a mi nuevo rol vale-todo ignoro señales clarísimas para cualquier otro ser humano que sea, cualquiera menos yo y, eso me saca de mis casillas porque todos pueden percibir lo que pasa a mi alrededor menos yo y eso, es agobiante. Saben, muchas veces nos quejamos que Dios no escucha nuestras suplicas y que le valen nuestras quejas pero, los papás le hacen más caso al hijo descarrilado, lo chiquean más, lo consienten y no es porque lo quieran más, sino porque más lo necesita. Así Dios con nosotros, no es que no escuche nuestros llantos ahogados en las almohadas, ni que no le interesemos ¿recuerdan la lectura del hijo prodigo? (chale, no sé la cita bíblica :S)así es como nos pasa, hay quienes necesiten más de él, pero eso no significa que no esté con nosotros. Ahora, antes de llegar a casa mi hermana le dijo a mi hermano –Dale por aquí. –Está muy solo. Le dijo. –No estamos solos, Dios está con nosotros. Les dije. –Así es. Repuso mi mamá, y llegamos sanos y salvos a casa, gracias a Dios porque como vengo diciéndoles letras arriba, él está con nosotros, nos quieres, nos ama y no nos abandona, dio la vida por nosotros y quiere nuestra salvación. Nos quiere. Y hago hincapié en eso, porque para mí es más complejo que el amar, porque el amar ciega, desaparece todo error que pudiera tener nuestra existencia pero, querer, eso es más difícil. Se quiere a muchas personas pero se sigue queriendo a pocas realmente, porque el querer es con todo y conocimiento de defecto y mancha, se quieren las actitudes y las cosas, se quiere lo que es, lo que fue y lo que pudo ser, se quiere con todos esos errores con los que no se podría amar y aún así se quiere. Por eso queridos míos, les digo que Dios nos quiere y nos ama, con el corazón y con el alma. Con su infinita bondad, gloria y eterna misericordia. ¡Felices días santos!

jueves, 7 de abril de 2011

Ich glaube in Gott!

No estoy segura de qué ha estado sucediendo al rededor de mi vida, hay momentos en que siento que camino sobre algodones, otras que floto, otras... me pierdo en la nada. Pero, sin duda estoy segura de que hay muchas razones para creer y confiar en le Señor, tantas, que no encuentro un sólo motivo para no hacerlo.
Schon nicths galude in dich, Welt. Nur ich vertraue in Gott! Me dije el otro día y, es tan cierto, por gracia o desgracia así es. He dejado de creer y confiar en el mundo, en su gente, todo, en lo absoluto te deja con un palmo de narices, no es que me sienta infeliz pero, Dios nunca me ha abandonado. Cuando necesito una palabra de consuelo llega a mí un texto bíblico o un canto que me llena de fuerza, o al menos me da la necesaria para seguir sobreviviendo. Algunas veces, también me manda personas hermosas con las cuales compartir mis sueños, alegrías y ¿por qué no? penas.
Bei dir ich bin glücklich, ich keine brauche mehr... danke Gott! Y, no necesito más. Debo aclarar, con Dios tengo todo, pero, eso no se lo escribí a él,me refiero más a bien a que tengo tantas cosas que él me da como para complicarme la vida con chingaderas sin importancia.
¿Por qué creo en Dios? Es absurdo creer en algo que no tiene explicación lógica, más aún si se es un estudioso del pensamiento, como los de 'sociales y humanidades' pero, yo les diré algo: ¡Para mí NO es absurdo! ¡Para nada! Él, me ha dado tantas y tantas cosas, tantos gozos, no me abandona, no me decepciona, no me hace llorar, es, como los papás, tal vez algo de lo que nos de nos disguste pero, después vemos que era por nuestro bien y, todo lo que nos tiene preparado o nos otorga es porque tiene para nosotros un plan perfecto y sus decretos, aunque no sean incomprensibles, muchas veces, son lo mejor.
Creer en Dios no nos hace santos, me dijo un amigo. Es verdad. Y no creer en él, tampoco nos hace perversos. No, no, no. ¿Cuántas personas son realmente felices queriendo ser lo que no son, tratando de agraciarse con los demás, simulando ser algo que ni siquiera les gusta? Yo pienso que nadie puede ser feliz así, en cambio, me siento tan dichosa de tener lo que tengo, de ser como soy porque...
Tengo pocos, pero verdaderos amigos. No tengo dinero para aventar, pero tengo alegrías que el dinero jamás podrá comprar. Tengo a mis papás conmigo. Tengo alegrías, tristezas, penas, engaños, desengaños. ¡Soy humana! Cometo errores y eso me hace crecer. Tengo un amigo que me dice "estás mal en eso, por esto y l'otro". Tengo los oídos de mi mamá para decirle que me siento mal y sus brazos para acurrucarme. Tengo niños para abrazar, para renegar, para complotear vagancias y para contagiar risas bobas. No poseo muchos bienes materiales pero, no me falta comida, calzado, vestido, techo. ¡Tengo fe! Y eso basta.
Señor, te tengo a ti. Y, tú me has dado tantas buenas cosas. Tengo poesía para regalar a corazones inalcanzables. Cariño para dar a amores inconfesables. Amor para hacer en forma de pastelitos. Ganas para hacer y reciclar amores. Fuerza para motivar a uno que otro desalmado. 
Hay cosas que no puedo entender. No creo ni confío en tantas y tantas cosas, actitudes, personas, pero definitivamente no he encontrado, y dudo hacerlo, un solo motivo para dejar de creer y confiar en ti, porque a pesar de todo lo que pase y deje de pasar, todo tiene una razón y, yo he tenido que ver en todo lo que me acontece pero si no tuviera la fuerza, el coraje, ni la fe que me proporcionas no podría defender mis puntos de vista, ni de luchar por lo que creo y quiero. Gracias Dios, sólo por ti es que no caigo. Creo en ti, Dios.