Es lo que la gente dice muchas
veces y nos suena tan vacío. Me dijeron tantas veces que lo escuchara, que le
pidiera, que tantas cosas más. A pesar de ir a misa los domingos, ser creyente
y ser parte de un coro de iglesia, me sentía y sabía bendecida, pero no tocada
por él.
Hoy, no estoy en la mejor
situación en muchísimos aspectos de mi vida, sin embargo siento una paz inmensa
que no sabía se podía sentir, obvio tengo ratos de mal humor o tristeza pero ya
no me jalo los cabellos de desesperación ni mojo mis almohadas en las noches.
No comprendía el porqué de lo que
pasaba, y descubrí que no todo tiene una respuesta, tal vez preguntar de más es
contraproducente porque probablemente lo que sí tenga respuesta no nos guste,
pero también aprendí a tenerle cariño a lo que creí se acabó.
En julio se cumplieron once años
de llevarte a Care de mi lado, yo le lloré mucho y este año por fin comprendí
que lo pusiste en mi camino para que yo pudiera conocerte, amarte. Tal vez se
escuche feo pero la realidad es que con su muerte, me dio la vida, la vida en
ti Cristo misericordioso.
Los últimos dos meses he tenido
asuntos del pasado merodeándome, sueños que me hacen sentir extraña en las
mañanas y, la sensación dubitativa de si habré actuado correctamente en algunas
situaciones. Lo cierto es que el otro día busqué a Mr. P. en internet y fue un
alivio saber que ya no siento nada más que agradecimiento por el tiempo en que coincidimos, definitivamente estoy
bien así y comprobé con ello que la decisión tomada antes, ha sido la mejor.
Si hay algo que tengo claro, es que
no puedo cambiar mi condición humana, que por más fe que posea sigo teniendo
defectos y actitudes que le molesten a los demás, pero como me dijo el Padre
Rafa: “Escúchate, escucha tu corazón y escucha a Cristo, tú eres la persona más
importante para ti y la primera con la que debes sentirte plena”. El Padre
Pedro me dijo que orara mucho, que la oración sana almas y que él que es
misericordioso me daría respuestas.
Así ha sido, por trillado que
suene la oración me ha quitado la preocupación que sentía por infinidad de cuestiones,
a veces simplemente me hinco frente al santísimo sin elevar ni una oración, agradeciéndole
siempre por lo que tengo, y ahí en silencio (de voz y pensamiento) siento su
paz, porque como me dijo una monja un día: “A veces el Señor se escucha más en
el silencio”.
Les comparto lo que le dije a mi
mamá: Suena increíble pero a pesar de no tener trabajo, por ende dinero, estar
con mil alergias últimamente, no tener perro que me ladre y casi no ver a los
pocos amigos que tengo, me siento plena, a gusto, he aprendido estos últimos
meses a escuchar más y hablar menos, a observar más y a juzgar menos, a
importarme menos lo que de mí piensen y a reírme de los comentarios viperinos.
Yo no sé que tengo recientemente
pero en sí mi vida se ha compuesto, aunque las preocupaciones van y vienen, ya
no me mortifico tanto, estoy contenta, feliz, me siento no sé cómo, acompañada
por ese alguien que no puedo ver ni tocar pero al mismo tiempo siento su protección,
en verdad y no es por mofa ni con afán de creerme santa pero es cierto, me
siento tocada por Dios.