domingo, 28 de septiembre de 2014

Déjate tocar por Dios

Es lo que la gente dice muchas veces y nos suena tan vacío. Me dijeron tantas veces que lo escuchara, que le pidiera, que tantas cosas más. A pesar de ir a misa los domingos, ser creyente y ser parte de un coro de iglesia, me sentía y sabía bendecida, pero no tocada por él.
Hoy, no estoy en la mejor situación en muchísimos aspectos de mi vida, sin embargo siento una paz inmensa que no sabía se podía sentir, obvio tengo ratos de mal humor o tristeza pero ya no me jalo los cabellos de desesperación ni mojo mis almohadas en las noches.
No comprendía el porqué de lo que pasaba, y descubrí que no todo tiene una respuesta, tal vez preguntar de más es contraproducente porque probablemente lo que sí tenga respuesta no nos guste, pero también aprendí a tenerle cariño a lo que creí se acabó.
En julio se cumplieron once años de llevarte a Care de mi lado, yo le lloré mucho y este año por fin comprendí que lo pusiste en mi camino para que yo pudiera conocerte, amarte. Tal vez se escuche feo pero la realidad es que con su muerte, me dio la vida, la vida en ti Cristo misericordioso.
Los últimos dos meses he tenido asuntos del pasado merodeándome, sueños que me hacen sentir extraña en las mañanas y, la sensación dubitativa de si habré actuado correctamente en algunas situaciones. Lo cierto es que el otro día busqué a Mr. P. en internet y fue un alivio saber que ya no siento nada más que agradecimiento por el tiempo  en que coincidimos, definitivamente estoy bien así y comprobé con ello que la decisión tomada antes, ha sido la mejor.
Si hay algo que tengo claro, es que no puedo cambiar mi condición humana, que por más fe que posea sigo teniendo defectos y actitudes que le molesten a los demás, pero como me dijo el Padre Rafa: “Escúchate, escucha tu corazón y escucha a Cristo, tú eres la persona más importante para ti y la primera con la que debes sentirte plena”. El Padre Pedro me dijo que orara mucho, que la oración sana almas y que él que es misericordioso me daría respuestas.
Así ha sido, por trillado que suene la oración me ha quitado la preocupación que sentía por infinidad de cuestiones, a veces simplemente me hinco frente al santísimo sin elevar ni una oración, agradeciéndole siempre por lo que tengo, y ahí en silencio (de voz y pensamiento) siento su paz, porque como me dijo una monja un día: “A veces el Señor se escucha más en el silencio”.
Les comparto lo que le dije a mi mamá: Suena increíble pero a pesar de no tener trabajo, por ende dinero, estar con mil alergias últimamente, no tener perro que me ladre y casi no ver a los pocos amigos que tengo, me siento plena, a gusto, he aprendido estos últimos meses a escuchar más y hablar menos, a observar más y a juzgar menos, a importarme menos lo que de mí piensen y a reírme de los comentarios viperinos.

Yo no sé que tengo recientemente pero en sí mi vida se ha compuesto, aunque las preocupaciones van y vienen, ya no me mortifico tanto, estoy contenta, feliz, me siento no sé cómo, acompañada por ese alguien que no puedo ver ni tocar pero al mismo tiempo siento su protección, en verdad y no es por mofa ni con afán de creerme santa pero es cierto, me siento tocada por Dios.