Si bien cada uno puede captar signos del amor providente de Dios en experiencias concretas, su acción permanece inescrutable. Lo que a nosotros hoy nos parece malo, puede ser mañana fuente de bien. No somos capaces de abarcar la totalidad de la existencia; se nos escapa el sentido final de las cosas; no podemos comprender el menor acontecimiento en sus últimas consecuencias.
Todo queda bajo el signo del amor de Dios, que no olvida a ninguna de sus criaturas. Él es el dueño de la vida y el señor del Universo y sus leyes. "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos de los Apóstoles 17, 28).
Aunque a nosotros nos resulten inescrutables, Él siempre encuentra sus caminos para atender las peticiones de sus hijos e hijas, orientándolo todo hacia el bien concreto y real de cada uno.
"Cúmplase, Dios mío, tu divina voluntad por mucho que a mí me duela. Cúmplase tu voluntad por más que yo no lo entienda. Cúmplase tu voluntad aun cuando yo no lo vea".
*Hoja parroquial, Arquidiócesis de Guadalajara, A. R.
N° 31, 18° Domingo Ordinario
03 de agosto de 2008